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lunes, mayo 27, 2024
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Massa lanza una kermés y Milei pide ayuda a los Cielos

Ante el lapidario 12,4%de agosto, habrá sorteos con una Massacard atendida por su dueño. El ganador de las Paso se inspirá en la Torá, como si la teología judía fuera superior a la católica.

Dictaminó un viejo tango, canchereando el autor, que en las cosas del amor, aunque tenga que aprender, nadie sabe más que yo. Hoy no se canta pero se hace en otro rubro: en las cosas de la corrupción, nadie sabe más que yo. Es decir, nosotros, argentinos, la sufrimos y los que la aprovechan… ¿son cada vez más o parece?

Una corrupción al palo, asociada con soberbia y grosera ineptitud, resurge ahora y se va aclarando un poco más por los 16 mil palos verdes que falló la jueza norteamericana Loreta Preska en el juicio por YPF. La barrabasada con supuesto de impunidad empezó por 2007 con Néstor y los Eskenazi, y culminó en 2012 con su elevación a carísimo disparate mayor: la estatización sin reglas de la abogada exitosa Cristina y su ministro exitoso Kicillof.

Si no fuera porque es para perjuicio general, la historia da para un bonito best-seller. Podría empezar cuando Eskenazi pasó de amisocio de Carlos Corach, ministro de Menem, a amisocio o más bien socio derecho viejo de Néstor. Con Corach de vecino en el Highland de Del Viso, los Eskenazi armaron la constructora Petersen, que consiguió la casualidad de ser una de las más favorecidas del menemismo.

Petersen-Corach, diríamos, un solo corazón. Y así como los Kirchner repudiaron a Menem, Cristina también terminaría repudiando a Eskenazi. Antes, Eskenazi se hizo banquero de bancos provinciales: compró los de San Juan y Santa Cruz en la era menemista. Ya Corach le había presentado a Kirchner y el eufemismo de experto en mercados regulados le sirvió para que, sin saber nada de petróleo, pasara a dueño parcial pero creciente de la privatizada YPF, con la sorprendente maniobra de comprar la petrolera con plata de la petrolera. Un kirchnerista auténtico.

Un personaje secundario talló en la operación: Jorge Corcho Rodríguez, valijero del súper ministro De Vido y autodefinido asesor de imagen de Odebrecht, por supuesto, otro eufemismo. Odebrecht, de la que tan poco se habla desde hace rato, es la brasileña que con Lula exportó coimas y negocios por gran parte de América Latina y que tenía hasta una división interna para administrar y pagar los sobornos. La llamaban: Operaciones Estructuradas.

Odebrech fue contratada por Eskenazi para construir una planta de YPF en Ensenada. ¿Y a quién subcontrataron? A Petersen, la empresa de Eskenazi. Hubo denuncias de sobreprecios y una causa judicial. Nada que nos sorprenda.

Aunque se ha dicho un montón de veces, la realidad es que la muerte repentina de Kirchner tiró abajo la larga estantería político empresaria que venían armando. Estalló una sorda guerra Eskenazi-Cristina, con Kicillof, ya apuntando a más, empujándola.

Lo que mal empieza mal acaba, dice el dicho y aquí acertó. Para tapar el malogrado negoción, Cristina presidenta resolvió reestatizar YPF. La llamó argentinización. Puro relato. Había Vaca Muerta para todos y todas y, de paso, se sacaba el gusto con los Eskenazi, amigos de Néstor, no de ella. Kicillof, se la creyó y trató de tarados a los que advirtieron que a la reestatización había que hacerla con lo que manda la ley, porque la empresa cotiza en Nueva York, donde respetar la ley no es de tarados. La misma jueza cita a Kicillof para respaldar su fallo. Vemos cómo está terminando esta historia.

¿Hubo mala praxis al dejar afuera de la reestatización a los tan singulares accionistas Eskenazi o no hubo nada de eso sino la continuación de los negocios raros por otros medios? Una cláusula le da al fondo Burford , que hizo el juicio, el 70% de lo que se le cobre a la Argentina. El otro 30% irá al pequeño tendal que dejó la quiebra de las dos empresas con las que los Eskenazi compraron YPF. Y, lo que al final quede, que puede ser mucho, será para los siempre ganadores Eskenazi. ¿O alguien más?

Otro dato para las sospechas de nunca acabar: Eskenazi pudo estar y no estuvo en la causa Cuadernos. El contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, declaró como arrepentido y dijo: Eskenazi recibía dinero negro de Daniel Muñoz, el secretario de Kirchner. Fue ante el fiscal Stornelli, en el marco de esa causa. Manzanares declaró, pero Bonadio, amigo y ex funcionario de Corach, lo olvidó.

De paso: ¿qué pasa con la causa? ¿Espera cambio de gobierno? ¿Gobierno para seguir lentamente? ¿Gobierno para acelerarla? Váyase a saber. Cristina venía silenciosa, pero este sábado habló para quejarse de la justicia norteamericana y tratar de quedar afuera. Resulta muy cara esta mezcla de corrupción e ineptitud y sigue poniendo al país en marcha atrás.

Peor todavía si se le suma irresponsabilidad para disimular lo indisimulable: ¿qué ventaja produce que el candidato oficialista ejerza de ministro de Economía? ¿Cuándo cuida la economía, que no es bien partidario?

Ante el lapidario 12,4 % de inflación en agosto, Massa arma su propia kermés de campaña con sorteos de electromésticos, motos y autos con la devolución del IVA. Mete ruido copiando lo que decía una eficaz publicidad: hay cosas que el dinero no puede comprar y para todo lo demás tendremos la MassaCard.

Y para confusión ya de ninguno, el candidato añade su propio y riesgoso Indec semanal, con estimaciones que rivalizarán con los datos del Instituto de Estadísticas y Censos. Ya lo hizo Moreno para perrear el índice. Sabemos cómo acabó. Irresponsabilidades para todos los gustos, están convirtiendo a esta campaña en un auténtico mamarracho.

Milei le pide al ministro que postergue el presupuesto, esto es, que no cumpla la ley, y supera a Menem cuando su novia Fátima publica en Twitter una imagen del supuesto león Javier, que resulta casi la promoción de una película triple equis.

Y el candidato triunfante de las Paso, que no aportan ningún sillón al menos hasta las generales, anuncia que está viviendo una conversión espiritual. Y hace como que usa el antiguo fetichismo de las fuerzas del cielo. Quizá para que no digan que apela a la magia, que ya tiene dueño con Massa.

Todas las religiones son construcciones humanas. Milei se inspira en La Torá, como si la teología judía fuera más correcta que la católica y critica a Bergoglio, al que defienden corporativamente sus curas. Los católicos creen que el Papa es infalible. Se supone que Milei conoce, o al menos escuchó, la historia de Laplace con Napoléon. El brillante científico, que llevó la obra de Newton más allá, despertó la curiosidad del emperador porque en sus cálculos sobre el comportamiento del sistema solar no aparecía la figura de Dios. Ahí nació su famosa réplica: no necesité de esa hipótesis.

Son los nombramientos ñoquis. A los nombrados, la política les paga el monotributo y les deja un vuelto.La política se queda con sus tarjetas de débito y sus fondos. Se descubrió por culpa de la inseguridad: los cobradores de los contratos truchos ya no van a cajeros alejados, por temor a los robos. El funcionario, apurado, fue con casi cincuenta tarjetas a uno del centro de La Plata. Lo vieron.

El que hace negocio con estos negocios de la casta vuelve a ser Milei. Y al final de una semana cambalachera como pocas, el colmo: el ministro Katopodis, con apoyo presidencial y el forzado de las empresas, inventó la huelga oficialista en la obra pública. Aplaudan y no dejen de aplaudir: otra creación K.

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